1. Empieza con un monto de apertura conocido
Al abrir, cuenta el sencillo y anótalo. Sin ese número no hay cómo saber cuánto debería haber al final.
2. Registra cada movimiento que no es venta
Retiros para pagar a un proveedor, plata que sacas para el banco, vueltos que pidió prestados el vecino: todo se anota con su motivo. La mayoría de las diferencias viene de movimientos que nadie registró.
3. Separa los medios de pago
Al cierre, el efectivo se cuenta, y las ventas con débito, crédito y transferencia se comparan con los comprobantes o el resumen de la máquina y del banco. Mezclarlos es la receta para no entender nada.
4. La fórmula del cierre
Efectivo esperado = apertura + ventas en efectivo + ingresos − retiros − vueltos/devoluciones en efectivo. Compáralo con lo que contaste. La diferencia es lo que hay que explicar.
Si no cuadra, busca en este orden
- Retiros o pagos sin anotar.
- Ventas cobradas con tarjeta pero marcadas como efectivo (o al revés).
- Devoluciones sin registrar.
- Vueltos mal dados: revisa las ventas grandes.
- Ventas que no se registraron.
Un turno, un responsable
Si varias personas usan la misma caja, cada turno debe cerrar con su propio conteo. Así cada diferencia tiene un responsable y se corrige a tiempo.
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